Canal Paseos visuales

Playas de Melilla

  • La ciudad dispone de una extensa línea de playas urbanas, pero también el bañista puede disfrutar de una ensenada o de mar abierto


El mar Mediterráneo baña Melilla a lo largo de toda su superficie, ofreciendo a los visitantes y vecinos un vistoso litoral costero del que disfrutar. Desde cualquier punto de la ciudad se accede rápidamente a uno de estos rincones, unos con metros y metros de suave arena, otros enclavados entre murallas y otros a mar abierto.

Desde el sur, playas como La Hípica, Hipódromo, Los Cárabos y San Lorenzo flanquean el Paseo Marítimo. Estos enclaves disponen de una amplia franja de arena, por lo que son perfectos para el ocio familiar y, sobre todo, la práctica de deportes, ya sea en la arena o en el agua. Con la llegada del calor se convierten en punto de encuentro y disfrute para los melillenses. La temperatura templada del agua o la poca profundidad en la cercanía a la orilla las hacen idóneas para un baño tranquilo.

En cuanto a la mitad norte de la ciudad, el visitante encuentra playas menos frecuentadas y con una superficie sensiblemente inferior al resto. Sin embargo, al estar respaldadas por acantilados y cortados, las hacen más atractivas a la vista con parajes paradisiacos. La muestra por excelencia es la Ensenada de Galápagos, a los pies de Melilla la Vieja y que en su día sirvió de puerto a los orígenes de la ciudad. Agua transparente y profunda, entre rocas y murallas, hacen de esta zona una las más bellas de Melilla.

El bañista también puede sentir el mar abierto y las olas rompiendo en las dos playas de Horcas Coloradas. La primera, la más pequeña, es de cantos rodados y con fondos que invitan al buceo. La segunda, mucho más grande, es de arena tras la regeneración llevada en los últimos años. Es ideal para el baño, también para el buceo y uno de los puntos más visitados por su entorno y su nuevo paseo marítimo.

Al final de la arena, siguiendo el cortado, se llega a Aguadú. El acceso no está permitido por aquí porque esta zona está delimitada por seguridad y a los cortados se llega por Rostrogordo. Esos acantilados y saltos rocosos se ven en la distancia desde Horcas Coloradas y merecen la pena, pero eso ya es otro paseo visual.